El Derecho busca guardar la justicia, ante la injusticia ya no hay derecho.



“CUANDO EXISTE CONFLICTO ENTRE EL DERECHO NATURAL Y EL DERECHO POSITIVO DE AHÍ  NACE EL DERECHO A RESISTIRSE CONTRA EL ARBITRIO DE LOS GOBERNANTES”, (santo Tomás de Aquino)

Domingo 06 de noviembre de 2016
Sor María Dominga Urquía, hfic

“Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las Leyes establecen. Los actos verificados por tales autoridades son nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional.” Constitución de la República art. 3.

Ante los recientes acontecimientos acaecidos ayer en la Caravana por la soberanía vial, donde hubo represión policial y detención provisional a dos defensoras de Derechos Humanos acusadas de “desobediencia a la autoridad”, nos viene muy bien iluminar esta realidad con la lúcida afirmación de Santo Tomás de Aquino en su obra Suma Teológica  donde dice que siempre que exista un conflicto entre derecho natural y derecho positivo de ahí mismo se desprende el derecho de resistirse al arbitrio de los gobernantes. Por tanto, desde el punto de vista de la naturaleza humana es completamente correcto oponerse, paralizar, poner una barrera a las leyes vigentes (derecho positivo) por resultar leyes injustas es decir, no-derechos, o acciones contra los derechos fundamentales de la persona humana.
El concesionamiento de las vías terrestres es un grave problema que enfrentamos los ciudadanos hondureños. Un gran número de casetas de peaje creadas por la empresa COVI y autorizadas por el gobierno, están cobrando una cantidad considerable de dinero de lo cual seguramente saldrán millones en beneficio de empresas colombianas, ecuatorianas y empresas vinculadas con el Presidente de la República. Estas concesiones están avaladas por el Decreto Legislativo 204-2012,  la Ley de la Inversión Público y Privada. Estas carreteras que se construyeron con otros fondos ahora se le impone su cobro a la población.
Estas medidas violentan el derecho a la libre circulación[1] (art. 81 Constitución de la República) y la libertad de transitar por carreteras que son o deberían ser de dominio público. La libre circulación tiene entre sus fundamentos el derecho humano de: que no se limite, que no se restrinja, que no se coarte esa libertad. Al parecer entonces la libre circulación en Honduras tiene un costo, el cual va en aumento en el cobro del peaje lo que contradice la garantía constitucional de la libre circulación.
Por tanto, podemos decir que el peaje tal y como está funcionando en Honduras limita nuestros derechos a obtener otros servicios que también son derechos humanos como el trabajo, la salud, la educación y otros. Por esta razón es necesario reiterar el compromiso del pueblo a hacer valer sus derechos y en palabras de Tomas de Aquino “resistir el arbitrio de los gobernantes”.
Ahora bien, los cristianos nos encontramos aquí con una gran oportunidad para hacer coherente nuestra predicación del Evangelio del Reino. ¿En qué consiste ese Reino que los cristianos queremos instaurar en este mundo?
Pues bien, en las Bienaventuranzas en Mateo 5, 6 nos  recuerda Jesús que son bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados y en la carta a los Romanos, san Pablo nos dice que “El Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”, dicho lo anterior; nos toca hoy ser coherentes con estas palabras de las Sagradas Escrituras y hablar al pueblo, iluminar su conciencia política y social, comprometernos directamente con acciones concretas dentro del marco de la ley, de la moral y la ética cristiana. Necesitamos construir el Reino pero en esta realidad de hoy. Tenemos la peligrosa tendencia de caer en el superficialismo e idealismo religioso; proclamando una salvación mesiánica fuera del contexto en el que los hombres y mujeres sufren los vejámenes de la corrupción y la opresión de los gobiernos civiles.
Como decía Benedicto XVI “es importante para los cristianos no aceptar una injusticia, aunque sea considerada como derecho”. En el  Libro de los Hechos de los Apóstoles: “Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres.” (Hch. 5,29). El Compendio de la Doctrina social de la Iglesia nos indica con respecto al derecho de objeción de conciencia que: “El ciudadano no está obligado en conciencia a seguir las prescripciones de las autoridades civiles si éstas son contrarias a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. Las leyes injustas colocan a la persona moralmente recta ante dramáticos problemas de conciencia: cuando son llamados a colaborar en acciones moralmente ilícitas, tienen la obligación de negarse.” (n. 399). Como se puede deducir, desobedecer una ley injusta no es opcional, es un imperativo moral. O sea, es inmoral obedecerla.
Por tanto, los cristianos no podemos pasar desapercibidos de los problemas que aquejan al pueblo en este momento de la historia, denunciando la injusticia y abogando por la instauración de la misma, de no ser así entonces caería en el abismo del que no pudieron salir tantos idealismos a lo largo de la historia los cuales presentaban unos presupuestos para lograr una mejor sociedad pero nunca llegaron a concretarse y quedaron solo en eso, en historia.

“Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecerla”.
Mahatma Gnadhi, gran defensor de los DDHH




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