“¿Quién gobierna entonces? El dinero ¿Cómo gobierna? Con el látigo del miedo



El día del encuentro del papa Francisco con los movimientos sociales (5 de noviembre 2016), les decía que, “vimos los rostros de ustedes en los debates sobre qué hacer frente a «la inequidad que engendra violencia». Tantas propuestas, tanta creatividad, tanta esperanza en la voz de ustedes que tal vez sean los que más motivos tienen para quejarse, quedar encerrados en los conflictos, caer en la tentación de lo negativo. Pero, sin embargo, miran hacia adelante, piensan, discuten, proponen y actúan. Los felicito, los acompaño, y les pido que sigan abriendo caminos y luchando. Eso me da fuerza, eso nos da fuerza. Creo que este dialogo nuestro, que se suma al esfuerzo de tantos millones que trabajan cotidianamente por la justicia en todo el mundo, va echando raíces”.
¡Qué palabras de esperanza del papa Francisco!; decirle al movimiento social que son ellos y ellas quienes no se rinden ante “la inequidad que engendra violencia”, sino al contrario, “miran hacia adelante, piensan, discuten, proponen y actúan”; y que a la vez, esta actitud de lucha, “…suma al esfuerzo de tantos millones que trabajan cotidianamente por la justicia en todo el mundo, va echando raíces”.



Es evidente que para el papa Francisco, las raíces de la semilla del Reino, solo crecen desde el lugar evangélico de los pueblos pobres y organizados, que tienen sed de justicia y trabajan por que llegue la vida en toda su plenitud. Aun con esta actitud de esperanza el papa es consciente de la estructura de inequidad y violencia que impera en este momento global producida por los poderosos, genera miedo que paraliza el espíritu colectivo:

“¿Quién gobierna entonces? El dinero ¿Cómo gobierna? Con el látigo del miedo, de la inequidad, de la violencia económica, social, cultural y militar que engendra más y más violencia en una espiral descendente que parece no acabar jamás. ¡Cuánto dolor y cuánto miedo!... el miedo, además de ser un buen negocio para los mercaderes de las armas y de la muerte, nos debilita, nos desequilibra, destruye nuestras defensas psicológicas y espirituales, nos anestesia frente al sufrimiento ajeno y al final nos hace crueles…”

Por eso la propuesta del papa surge de esta propuesta colectiva y comunitaria de los pueblos organizados, él mismo dice: “Queridos hermanos y hermanas: todos los muros caen. Todos. No nos dejemos engañar. Como han dicho ustedes: «Sigamos trabajando para construir puentes entre los pueblos, puentes que nos permitan derribar los muros de la exclusión y la explotación»”. 

El papa Francisco sabe lo difícil que es para el movimiento social el luchar por la justicia en estas tierras donde los grupos políticos, económicos y militares gobiernan por la fuerza y la violencia; por eso es consciente de que “Sé que muchos de ustedes se juegan la vida. Sé -lo quiero recordar, la quiero recordar- que algunos no están hoy acá porque se jugaron la vida… pero no hay mayor amor que dar la vida. Eso nos enseña Jesús…ese grito de ustedes que hago mío, tiene algo de esa inteligencia humilde pero a la vez fuerte y sanadora. Un proyecto-puente de los pueblos frente al proyecto-muro del dinero”.

Son alrededor de 111 hombres y mujeres que se han jugado la vida estos años, que han ofrendado su vida, por estar organizados en diferentes colectivos que cuidan y defienden los bienes naturales, territoriales y el patrimonio de los pueblos en Honduras. 

El papa Francisco ve en los pueblos organizados un testimonio martirial por el cuido de la vida y la tierra. Por eso el papa hace una llamado esperanzador resaltando que, “tenemos que ayudar para que el mundo se sane de su atrofia moral. Este sistema atrofiado puede ofrecer ciertos implantes cosméticos que no son verdadero desarrollo: crecimiento económico, avances técnicos, mayor «eficiencia» para producir cosas que se compran, se usan y se tiran englobándonos a todos en una vertiginosa dinámica del descarte… pero este mundo no permite el desarrollo del ser humano en su integralidad, el desarrollo que no se reduce al consumo, que no se reduce al bienestar de pocos, que incluye a todos los pueblos y personas en la plenitud de su dignidad, disfrutando fraternalmente de la maravilla de la Creación. Ese es el desarrollo que necesitamos: humano, integral, respetuoso de la Creación, de esta casa común” (Discurso del papa Francisco a los participantes en el encuentro mundial de movimientos populares Aula Pablo VI; sábado 5 de noviembre de 2016).

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