Ante el robo con una “pistola”.

Enciendo una vela dentro de mí, para seguir escuchando la Palabra del PADRE en tiempos sombríos y de muerte.


Experimenté la impotencia, debilidad y frialdad ante el robo del vehículo con una “pistola”.


El sentir un ser humano, igual que yo, apuntándome con un arma de fuego (9 milímetros), es una experiencia que lo hace a uno sentir su pequeñez y caducidad: bastan unos minutos para que salgan esos tiros de la pistola que está en manos de un ser tan frágil como yo.

Qué le da al humano un uniforme militar o policial, una arma de fuego, un puñal?; ¿qué es un humano sin ropa? …es un ser que muestra su total realidad física y posiblemente interior, porque sus ojos muestran su interior sintiente... donde reside en el corazón.

Todos los seres vivos, en especial los humanos, compartimos la misma miseria que está en nuestra historia personal, familiar y social.

La solidaridad es interior y luego exterior. Ningún humano se escapa de experimentarse que “no hace el bien que quiere sino el mal que detesta”, todavía más, hay humanos que se han compenetrados con el mal que ya no lo distinguen y ni lo sienten en su interior.

Esto vivido, lo que estoy contando, por que El lo quiso así, es para mí, franciscano, una experiencia de despojo, de pobreza y de libertad, de la cual hablamos mucho.

Estos días en este espacio del blog, los escritos apuntan a la violencia y la situación desesperantes que vivimos en la sociedad hondureña. Bien me dijo una amiga franciscana y caminante como yo: buscadora de sentido:

“¿Qué pensaría Francisco sobre tu preocupación por el carro? que es más importante para Francisco el carro de la institución, o tu vida? el pequeño Francisco, Alaba al Padre por tu vida, porque ella no tiene precio… el carro si, y si me acerco a su forma de vida, él, ni siquiera pediría disculpas por algo material.

Ahora hay que vivir este momento para crecer, ahora podes escribir mas con experiencia propia desde la luz del Padre, lo que es la violencia y la delincuencia en este país, los afectados que estamos en la inseguridad, y lo vulnerables que somos, para tener vida y para que alguien decida quitarla”.



Estos días estoy vivenciado mejor la oración que nos dejó el Maestro: El Padre nuestro…perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Desde la radicalidad del evangelios me toca pedirle “si le acompaño otro tanto más con el carro…o de poner la otra mejía…” difícil esta radicalidad que sana y libera de cualquier odio, rencor y violencia asesina.

Enciendo una vela dentro de mí, para seguir escuchando la Palabra del PADRE en tiempos sombríos y de muerte.



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