Con esa mirada y sonrisa de inocencia.

Con esa mirada y sonrisa de inocencia...


Estos días de pascua, que hemos celebrado y experimentado la Resurrección de Jesús en la historia y vida de cada seguidor y seguidora de Jesucristo, el Maestro (como lo llamaba Magdalena), El Señor; nos llenado de ese Espíritu de esperanza y el amor, que nos impulsa a seguir en estos tiempos sombríos, de anuncios de guerras y más explotación humana y de la Madre Naturaleza.

En este contexto pascual, el Papa Francisco es una buena noticia, con sus palabras y gestos, con su actuar de corazón de pastor con “olor a oveja”, con su modo sencillo y sincero de proceder, con esa mirada y sonrisa de inocencia.

Pero, ¿por qué nos extraña ese modo de proceder cercano al modo de Jesús? ¿Por qué sentimos que es un actuar “revolucionario” el que realiza el Papa Francisco?

Parece que nos habíamos olvidado de que los jerarcas de la Iglesia católica son pastores como el gran Pastor Jesús: que dio la vida por sus ovejas. Con tanto ropaje y títulos, se nos había olvidado en la Iglesia, que el actuar de los cristianos y de los ministros es de humildad, sencillez y pobreza. Que el modelo de santidad, no es la apariencia “católica”, sino la vivencia de las Bienaventuranzas (Mt 5,1-12), que incluye el tener sed de justicia y ser perseguido por vivir con los pobres.

Por eso el teólogo Leonardo Boff refiriéndose al Papa Francisco, hace ver cómo con su actuar está recuperando el sentido del papado en la Iglesia católica, expresa:

“Cosa notable y cargada de contenido teológico: no se presentó como Papa, sino como «obispo de Roma». Pidió oraciones no para el Papa emérito Benedicto XVI, sino para el obispo emérito de Roma, Joseph Ratzinger. Con esto retomó la más primordial tradición de la Iglesia, la de considerar al obispo de Roma «el primero entre sus pares». Por estar Pedro y Pablo sepultados en ella, adquirió especial preeminencia. Pero ese poder simbólico y espiritual era ejercido en el estilo de la caridad y no en forma de poder jurídico sobre las demás Iglesias, como predominó en el segundo milenio. No me admiraría en absoluto si, como quería Juan Pablo I, resolviese abandonar el Vaticano y fuera a vivir a un sitio sencillo, con un amplio espacio exterior para recibir la visita de los fieles. Los tiempos están maduros para este tipo de revolución en las costumbres papales. Y qué desafío está representando para los demás prelados de la Iglesia vivir la sencillez voluntaria y la sobriedad compartida”.

La expresión de otro hermano que ha aportado mucho al camino eclesial latinoamericano dice una frase que le va bien al Papa Francisco: «La cabeza piensa desde donde pisan los pies» Frei Betto. Definitivamente el Papa Francisco es una Buena Noticia Pascual, con sabor a Resurrección y vida en abundancia.

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