sábado, 4 de mayo de 2013

TE NOMBRO, ENTONCES EXISTO





TE NOMBRO, LUEGO EXISTO

Por CLAUDIO CRUCES

En el idioma de la cultura Wichí (una de las etnias que habitan el Gran Chaco argentino, existe una hermosa particularidad: la primera persona del singular tiene incluida la segunda y la tercera. Si alguien quiere decir Yo (NLHAM) se ve obligado a decir Tú (AM ) y El (LHAM).En otras palabras, si para hablar de mí tengo que mencionarte a vos y a él, sólo me nombro cuando te menciono. O dicho en buen romance: para existir yo, te necesito a vos, los necesito a ustedes.

Sin duda que la sabiduría Wichí, es una cultura superadora de estos torpes individualismos que venera nuestra cultura. Esta cultura que los ignorantes se han atrevido a llamar peyorativamente pagana, a la que le enviamos misioneros, maestros y médicos, para redimirlos de su ignorancia salvaje, tiene mucho que enseñarle a la grotesca civilización occidental y cristiana que supone que cada sujeto nace, vive y muere en sí mismo sin necesitar del prójimo.

Una cultura que para “ser santos” hay que alejarse lo más posible del mundo o recluirse en un convento sin relacionarse con nada ni con nadie. Nos hemos acostumbrado a vivir en una sociedad donde para triunfar tenemos que ascender sobre peldaños construidos con los huesos de quienes no llegaron. De esa forma el prójimo se convierte inmediatamente en el mejor de los casos en competidor y en el peor, en enemigo mortal que debe ser eliminado de inmediato. 

Un simple aunque triste ejemplo: Argentina posee en la actualidad más de 50 millones de cabezas del mejor rebaño vacuno, sin contar lanar y caprino; y produjo este año 60 millones de toneladas de granos. ¿Por qué entonces mueren tantos chicos de hambre? ¿Por qué hay desnutrición, pobreza, miseria? Son preguntas que por obvias, no necesitan respuesta. No hace falta ser sabios para descubrir cómo el capitalismo deshumaniza, abre una brecha insalvable entre “ser – humano” y pertenecer a la raza humana. Claro que cuando decimos capitalismo no estamos hablando sólo de un modelo económico sino de una forma de ver al mundo, de concebir al hombre, de pensarse a sí mismo.

La realidad es que el hombre es hombre sólo en sociedad, de eso nos habla el ejemplo Wichí, donde el hombre no se concibe como “un Ser», sino como una pluralidad que se va haciendo con los demás, un misterioso juego de reflejos donde uno mismo es todo “otro”, un Yo social. De esta forma, somos comunidad solamente cuando tenemos una unidad en común por lo tanto existimos y nos realizamos como seres humanos pura y exclusivamente en el marco de la solidaridad. Así lo expresa el filósofo Martin Buber: “la vida verdadera es aquella que se produce en el encuentro de los sujetos”.

Algo así hablaba también el poeta español Antonio Machado en sus famosos cantares cuando nos dice: con el tú de mi canción no te aludo compañero ese tú soy yo La Biblia lo expresa en la creación: Adán sólo pudo ser – humano cuando tuvo con quien compartir su existencia. No nos explayamos más en esto porque hablamos del tema en números anteriores. Dicho en palabras de un profeta contemporáneo: Sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.

Es cierto que la solidaridad no es liberadora en sí misma; pero no hablamos aquí de solidaridad ni mucho menos de asistencialismo. Hablamos de algo que precede a todo cambio: producir una nueva cosmovisión, en la que el Tú está entramado con el Yo en un nosotros, donde la diversidad de culturas y tradiciones juegan un rol determinante en la tarea de parir un hombre nuevo sin etnocentrismos, religiones únicas ni saberes absolutos


CLAUDIO CRUCES

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