¡Viva la copa del mundo, viva Brasil, viva Costa Rica; viva la Iglesia, viva el Papa, viva el fanatismo, viva el dogmatismo!
Estos gritos se escuchan en las grandes concentraciones católicas y en los estadios de Brasil. Cuando los humanos nos reunimos bajo una misma pasión, o un mismo sentir de emociones colectivas, todos pareciéramos humanos solidarios y cercanos. Realmente ¿estar juntos en una concentración religiosa o deportiva significa estar unidos, en un mismo sentir, un mismo amor o una misma fe?
Veamos algunas cantidades de dinero escandalosas de este mundial, cifras que confirman esta globalización hegemónica de la economía de mercado, de la primacía del capital sobre las necesidades reales y vitales como: la alimentación, educación y salud. Estas cifras confirman una escandalosa desigualdad, iniquidad e injusticia; en lo que se refiere a nosotros los cristianos, nos remite a una denuncia social que hizo Jesús en aquella parábola de “Lázaro y el rico epulón” (Lc 16,19-31).
Por ejemplo, un viaje rápido (al inicio del mundial) para ver un partido o dos te costará alrededor de 3,000 dólares, incluidos vuelos, hoteles, entradas de fútbol. Si lo que deseas es seguir a tu equipo en todos los cruces hasta la final el 13 de julio en Río de Janeiro -y hospedarte en buenos hoteles- los costos podrían dispararse a más de 30,000 dólares.




COMUNICADO URGENTE

