Todo hondureño es mi hermano…
Entre los pasos que
tenemos que dar como sociedad hondureña, es confiar menos en las armas que
matan vidas humanas. Dejar de creer que entre más armados estamos, más
tendremos seguridad en las calles, en los hogares y en los caminos…en las
Iglesias.
Cada militar o policía,
cada joven perteneciente a una mara, cada “sicario”, cada empresario y
comerciante, civil o niño…que utiliza una arma para “defenderse o asesinar”, es
tan hondureño, igual en deberes y derechos, tan de carne y hueso, con corazón y
sentimientos, posible con fe en Jesucristo, con una familia que ama, con una
historia, una cultura y un pedazo de tierra donde vive…

