El Papa trazó los doce "criterios-guía" para la reforma de la Iglesia.



Son los siguientes:

1.- Individualidad: "conversión personal", sin la que será posible cualquier reforma. "La verdadera reforma es la de los hombres. La conversión personal soporta y refuerza la comunitaria. Una sola persona puede hacer tanto bien a todo el cuerpo, o dañarlo mucho".

2.- Pastoralidad: conversión pastoral. "Imagen del pastor, siendo la Curia una comunidad de servicio, estamos llamados al ejemplo de Dios, el buen pastor, plenamente renovados a nuestra misión. Aunque en nuestros ambientes de trabajo podamos trabajar un fuerte sentido pastoral. Que ninguno se sienta maltratado y todos puedan experimentar la cura del buen pastor". "El empeño de todo el personal de la Curia debe ser animado por un servicio de comunión, antídoto contra la vana ambición y la rivalidad", recalcó el Papa.
3.- Misionariedad: o "Cristocentrismo". Aquí, Francisco pidió "dinamismo evangelizador", pues "sin lealtad de la Iglesia a la propia vocación, se corrompe en poco tiempo".

4.- Racionalidad: "Todos los dicasterios son jurídicamente parejos entre ellos, resultaba necesaria una reestructuración. Las competencias deben ser respetadas y distribuidas con racionalidad y eficacia... Ningún dicasterio puede atribuirse la competencia de otro".

5.- Funcionalidad: "El eventual agrupamiento de dicasterios en uno único sirve para dar al nuevo una relevancia mayor, y la interacción ayuda a una mayor funcionalidad. Requiere la revisión continua de los roles y de la responsabilidad del personal"

6.- Modernidad o aggiornamento: "escuchar los signos de los tiempos. Que los dicasterios de la Curia se adapten a las necesidades de la Iglesia universal".

7.- Sobriedad: "Es necesaria una simplificación en los elementos de la curia, simplificación de los dicasterios. Eventuales supresiones de oficios que no son necesarios, o reducción de las comisiones, academias, etc... todo en vista de la sobriedad".

8.- Subsidiariedad: o "reordenamiento de competencias específicas de los dicasterios" para alcanzar una interconexión en el servicio. "Resulta necesario el respeto entre las diversas competencias, para que esa sea la ayuda inmediata del Papa". Será la Secretaría de Estado, añadió, quien avalará esta unidad, interdependencia y coordinación.

9.- Sinodalidad: "El trabajo de la curia debe ser sinodal (...) La sinodalidad debe ser vista en el interior de cada dicasterio, dando mayor frecuencia a las sesiones ordinarias. Se ha de evitar la fragmentación, que puede venir por varios factores".

10.- Catolicidad: "La Curia debe asumir a personal procedente de todo el mundo, diáconos permanentes, laicos y laicas, sobre la base de la vida espiritual y moral y su competencia profesionales. Acceso a un número mayor de fieles laicos, especialmente donde pueden ser más competentes que los clérigos o consagrados. De gran importancia es el valor de la mujer y el laico en la vida de la Iglesia, con una particular atención a la multiculturalidad".

11.- Profesionalidad: "Es indispensable que cada dicasterio adopte una política de formación permanente para evitar caer en la rutina del funcionariado. La otra parte es acabar con la práctica del "promoveatur et removeatur" esto es un cáncer".

12.- Gradualidad: discernimiento. "Un cambio de tiempo y de etapa. En este caso no se trata de indecisión, sino de la flexibilidad necesaria para poder hacer una verdadera reforma".



"He comenzado hablando del significado de la Navidad, el corazón, el centro de la reforma es Cristo. Quiero concluir solo con una palabra y una oración. La palabra es que la Navidad es la fiesta de la humildad amante de Dios"… (Roma, 22 de diciembre 2016).

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