Las y los campesinos, sangre ofrecida a la generosa hermana madre Tierra.


Los campesinos ayer y hoy, son la sangre ofrecida a la tierra que nos alimenta, por una lucha incansable del bien común, de la creación, del universo; es un tiempo que llueve dolor, tristeza y lágrimas de familias y comunidades atropelladas por el autoritarismo, la injusticia y la violencia, pero a pesar de todo estas tinieblas; estos tiempos son para no dejarnos vencer por el cansancio y el desánimo a pesar de la noticia repetida más de cien veces, de más hermanas o hermanos asesinados. 

Es imposible no pensar en los hijos que quedan sin un padre o una madre, en las comunidades que pierden líderes y lideresas que daban esperanza y claridad ante una realidad que acecha, despojo y destrucción. Queda la memoria, de seguir dando lo más sagrado de nosotros, queda en evidencia que vale la vida misma, el dar todo por el buen vivir, el gozo de ser signos de esperanza ante las tinieblas que quieren apagar la luz, que buscan romper la unidad y la paz de nuestros pueblos.

Los y las campesinas, los labradores y administradores de la tierra que sostiene nuestros pies, que alimentan y sustenta nuestra frágil vida, El campesino y campesina que despierta antes que el sol, para andar entre los caminitos de grandes montañas y laderas y ser obreros de la creación.

Hoy la hermana madre tierra, sigue esperando más de nosotros, los que defendemos lo indefendible en un estado de derecho sin prorrogas a la vida del más pobre, que actúa como la culebra que muerde solo a los descalzos y de pies polvosos.

hoy es revivir más que nunca la frase: “amar a mares” de Carlos Escaleras, ya que matan, persiguen y vigilan a todo aquel que esté en contra del dominio implacable del que se dice dueño de todo, hasta de la tierra, que ya daba vida antes de que naciéramos. Hemos perdido la relación armónica con la vida, y es un daño irreparable, que solo lo restaurara el amor, el que se da sin esperar comprensión alguna de quienes nos asesinan, enjuician o creen locos, de la tierra que es la locura más grande que existe, porque es misericordiosa con todos y se da siempre a todos sin distinción alguna. 

Esperamos un tiempo nuevo para todos y todas, solo nosotros lo haremos posible, sin parentesco alguno para hacer el bien a otro, porque ya estamos hermanados en esta gran casa común.

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