jueves, 6 de junio de 2013

Sobreexplotación acaba con las especies en el Golfo







Sobreexplotación acaba con las especies en el Golfo

Redacción    http://www.elheraldo.hn/Secciones-Principales/Al-Frente/Sobreexplotacion-acaba-con-las-especies-en-el-Golfo

La excesiva e incontrolada actividad pesquera, la destrucción de los manglares y la contaminación están acabando con los recursos del Golfo de Fonseca. 


 CEDEÑO, MARCOVIA, Honduras Unos 16 mil hombres que dependen directamente de los recursos del Golfo de Fonseca tienen sus días contados como pescadores. 
Los resultados de sus redadas son una evidencia incuestionable que su oficio está tocando su fin.Aquí, cada día, muchas especies escasean, otras están a punto de la extinción, debido a la excesiva actividad pesquera, la destrucción incontrolable del mangle, la contaminación y el cambio climático que ha alterado las temperaturas en el océano.


Hoy como nunca, la inversión que han realizado los pescadores -entre 100 mil y 150 mil lempiras- para adquirir sus lanchas, el motor y las redes, está en riesgo; como lo está también la supervivencia de su familia. También peligra el futuro de otras miles de personas que dependen indirectamente de la pesca.Sus extenuantes jornadas, tanto diurnas como nocturnas, son tan improductivas a tal extremo que la mayoría no saca ni el combustible que gastó el motor de su lancha.

 El decaimiento del Golfo de Fonseca presagia tiempos difíciles para miles de pobladores a lo largo de la línea costera del Pacífico.“El mar es la única fuente de trabajo fijo que tenemos aquí. En esta zona sur no hay empleo”, manifestó el pescador Luis Antonio Fuentes.

Aunque las proyecciones son aterradoras, las autoridades centrales y locales -principalmente aquellas cuya población depende de la pesca- pasan desapercibida esta crítica realidad. Pesca Después de un tormentoso día en el mar, los pescadores van arribando a la playa. 
Contrario a cuando salieron, donde nadie los despidió, ahora muchos de ellos son recibidos por sus familiares más cercanos y por los intermediarios que los esperan con libreta y báscula en mano.Cristóbal Lagos y su hijo Fernando son de los primeros en atracar en la playa, a eso de la 1:00 de la tarde. 

Su esposa Santos Paula Salazar y su hija más pequeña les dan la bienvenida ayudándolos con lo que pueden.“La situación está mala”, agrega mientras le pide a su cónyuge que coloque el producto en un recipiente. Los intermediarios van quitando de la palangana algunos pescados que no les conviene comprar.El producto es pesado. La aguja de la báscula marca 16 libras de “babosa” y 9 de “pancha”. La babosa es pagada a 15 lempiras y la pancha a cuatro. En total, la pesca de ese día le generó a Lagos y su familia un total de 276 lempiras.“Otra vez no hice ni el combustible que gasté. Para salir hoy, le eché al motor 400 lempiras de combustible, relata el pescador a EL HERALDO, mientras tanto su compañera de hogar recoge de la lancha los pescados que el intermediario no quiso poner en la báscula, ya que de eso depende tener algo que comer al final del día. La calamidad de los pescadores se acentúa al comprar el galón de combustible a 150 lempiras, este precio incluye un lubricante que le agregan al carburante. 

Al aditivo ellos le llaman pinta.Aunque hoy operó nuevamente con pérdida, lo que consuela a Lagos es que él es el dueño de la lancha y de su propio destino. A lo largo de la playa y de los atracaderos la situación que enfrentan los pescadores al final de la jornada es similar.Aquellos pescadores que laboran para otras personas tienen la vida más complicada, su producto es comprado más barato por los dueños de la lancha. Si no sacan el dinero del combustible estos hombres y sus familias tampoco tendrán que comer. A las 2:00 de la tarde apareció Mario Flores, el pescador que EL HERALDO había decidido seguir. Tras atracar comenzó a calcular la pesca. 78 libras de pancha pagadas a cuatro lempiras le representaron 312 lempiras. Por 45 libras de babosa recibió 675 lempiras y por dos libras de camarón le pagaron 140 lempiras, por todo hizo 1,127 lempiras.Tras recibir el dinero comenzó a restar: 500 lempiras de combustible, 200 para el ayudante, 110 para los que le ayudaron a cargar la lancha, el motor y las redes, al final su ganancia fue de 317 lempiras. Sobre cómo hizo para atrapar más producto que otros, explicó que se fue más adentro del mar, más cerca de Nicaragua”.Este pescador tiene muy claro que “el Golfo ya está colapsando” y que hay especies como el mero, el pargo, el robalo que están en peligro de extinción. El mar ya no da abasto para tanto pescador, además muchas especies están desapareciendo por la destrucción del mangle y el calentamiento de las aguas, otras mueren por la contaminación, precisó. “Usted ve el sacrificio que hago para poder sostener mi familia. A veces hago para el diario vivir pero no para cubrir otras necesidades, como para una vivienda digna, para poder poner mis hijos a estudiar o para ayudarle a familia que vive en peores condiciones que yo”, sostuvo.


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